LA CRISIS EUROPEA DE UN LATINOAMERICANO, por Manolo Salazar Vallejo

 

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MANOLO SALAZAR VALLEJO (ECUADOR)
Desde el 2011 vive en Milano pero nació en Guayaquil hace 26 años. Estudió Comunicación Social en la Universidad Casa Grande. Trabajó como redactor en agencias de publicidad, como fotógrafo en Diario El Universo y como periodista freelance en Revista Retrovisor. Antes de migrar trabajó en el Departamento de Comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores. Actualmente sobrevive a la crisis europea.

 

 

 

LA CRISIS EUROPEA DE UN LATINOAMERICANO

Un país, una crisis, cinco realidades atravesadas por la línea de la migración. Historia de Andrés y Silver, inmigrantes sin trabajo que buscan quedarse en Italia; y de Ariana y Silvia, italianas con empleo que han decidido dejar su país en busca de mejores oportunidades laborales. Cuatro realidades narradas desde la experiencia del cronista, migrante ecuatoriano, que vive la crisis en carne propia.

 

 

Trabajo final de Manolo Salazar Vallejo

 

 

 

Me lo dijeron tantas veces. “No es la mejor época para emigrar a Europa, en especial a Italia”. Lo sabía, y a pesar que las noticias sobre la crisis no dejaba de figurar entre los titulares de los medios de comunicación, yo, hace meses había decidido dejar Ecuador. Por ello no se me hizo extraño que en el avión, Cristian, compatriota de 20 años oriundo de La Maná, de cabellos negros puntiagudos, piel canela, nariz larga y sonrisa corta, me haya dicho con marcado acento español “Yo de ti, tío, me quedaba nomás”. Tras explicarle mis motivos familiares que llevaban a mudarme a Milano, Cristian me dio su aprobación, no sin antes advertirme de “lo jodido que está” la situación. A los 15 años viajó para vivir con su madre en Figueras, Barcelona; ahora con 20 ya era ciudadano español, había entrado a trabajar en un taller mecánico recién acabado la secundaria y en ese momento regresaba contento de sus vacaciones tras haberse enterado que fue aceptado en el Ejército luego de un primer intento fallido hace un año.
– Ahora que llego tengo que reportarme para saber a qué lugar me envían para los entrenamientos.
-¿Y no te da miedo con esto de que España también está metida en la guerra en Oriente Medio?
-No, es más yo deseo que me manden a Afganistán.
-¿En serio? ¿Por qué?
-A mí siempre me ha gustado la adrenalina y la exigencia física. Según lo que me han dicho amigos que han estado allá, pasas días y noches enteras caminando en busca del enemigo. Es duro pero estoy preparado. Además si te envían allá te pagan mejor.
-¿Pagan bien en el ejercito?
– Claro. Yo antes trabajaba como mecánico, de lunes a sábado, 12 horas diarias y no llegaba ni a los €800. En el ejercito, dependiendo de la unidad, el sueldo es de €900 sin contar las comisiones por destino y misión. Si te mandan a Afganistán llegas fácil a los €1500 y si tienes una carrera profesional mucho más.
-¿Prefieres eso a una vida tranquila en Barcelona?
-¿Qué vida? Uno trabaja todo el día, apenas tienes tiempo para ir a comer porque tienes que regresar enseguida. Eso no es vida. Acá por lo menos voy a tener comida, techo y educación, pues pienso estudiar Ingeniería Mecánica para ascender.
Sin duda Cristian la tenía clara, así como los aproximadamente 6 mil latinoamericanos que hoy en día integran las Fuerzas Armadas de España, sea por amor a una patria madrastra, o en busca de una segunda nacionalidad, o de un mejor ingreso económico.

 

 

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Una vez en Italia supe que la palabra crisis no era solo un lejano titular en los noticieros. Era – y es- la palabra de moda desde que llegué, sobre todo aquella semana de arribo, la misma en que los mercados europeos despidieron a Silvio Berlusconi, obligándolo a dimitir como Primer Ministro. En ese entonces, los noticieros recordaban los cincos procesos judiciales por fraude fiscal y por inducción a la prostitución de menores, analizaban la perdida de mayoría parlamentaria de su partido el PDL y el distanciamiento con su aliado La Lega Nord, partido político acusado de xenófobo. Pero sobre todo recordaban el ridículo de Berlusconi y de Italia frente a Merkel y a Europa . Las calles fueron tomadas por algunos italianos solo cuando la renuncia de Il Cavaliere fue dada por segura. Hombres y mujeres e incluso niños, olvidándose del frio de otoño, aparecían en la televisión aquel domingo histórico, apoderándose principalmente de calles y plazas de Roma, agitando su bandera tricolor, celebrando y esperando, como todos, mejores días.
El lunes, mientras en la capital el Presidente Giorgio Napolitano designaba como Primer Ministro al ex Comisario Europeo de Mercado Interior, Mario Monti; en Milano me acercaba a uno de las Comisarias de policías a las que cada extranjero debe ir para oficializar su residencia. El júbilo de los oficiales se veía en las caras y en la conversación de quienes me tomaron los datos, pues la solo salida del ex Cavaliere había logrado que el temido Spread no ascendiera más el record de los 700 puntos en que se ubicaba. “Por lo menos hoy no ha subido y nos salvamos de la vergüenza de que el resto de Europa nos mire igual que a Grecia”.
Tres semanas después, cuando “Super Monti” ya había designado los nombres de sus Ministros, catedráticos universitarios respetados, quienes conformarían el gobierno técnico, asistí puntualmente a la segunda Comisaria policial, esta vez para registrar mis datos y mis huellas digitales en el sistema de Seguridad Italiana. En la sala de espera 5×5 del Sportello di Immigrazione de Legnano, de paredes grises y sin calefacción, una veintena de personas (árabes, africanos, asiáticos y latinoamericanos) esperábamos a que un oficial saliera y diga nuestros nombres para entrar. Ingresé a la sala de las imprentas junto a un chico que soplaba sus manos para pelearle al frio. Andrés Cueva, de 21 años, estatura baja y contextura gruesa, uniformado todo de negro cargaba una chompa de Iron Maiden que hacia juego con su barba descuidada y sus cabellos largos despeinados. Tras una breve presentación nos enteramos que éramos compatriotas, el de Quito, yo de Guayaquil, ambos habíamos llegado hace poco y bajo la misma visa de Lavoro Subordinato. No obstante no nos parecíamos en nada en cuanto a gustos musicales, tema al que inmediatamente Andrés dirigió después de preguntarle que extrañaría de Ecuador.
– Las tocadas de metal con amigos es algo que se que aquí no voy a tener, flaquito. Sabes, no hay nada mejor que juntarse con los panas a chumarse en la calle con vino en cartón mientras a todo volumen escuchamos Sueño Eterno, ¿te gusta Sueño Eterno?
– No los he escuchado, ¿qué tocan?
-Metal, pues. Flaquito, es una de las mejores bandas del país. Pero de ley has escuchado Viuda Negra, esa es más famosa.
– Creo que si de nombre pero no su música.
-Sale, no estás en nada ¿ ósea que no sabes quienes son los Toque de Queda, Animal, Legión, Basca? -No-
-¿Ni Muscaria? O la más dura de Guayaquil, ¿Spectrum?
-Esa si, Muscaria, me suena por amigos.
-Psss, por lo menos esa!
Tras decepcionarlo con la música Andrés me confesó que en un principio no pensaba venir. Trabajaba en una ferretería, le iba bien, pero una invitación de su padrino, que había emigrado hace 15 años, ofreciéndole casa, comida y papeles en regla lo convenció. A pesar de que los documentos decían que su padrino lo contrataba, siendo su dador de trabajo, esto no era más que un formalismo para poder ingresar. Llegó incluso con las mismas características de viaje que la mía.
No hay un estudio de cuanta gente entra a Italia bajo esta modalidad, pero solo en el 2011 el gobierno de “Berlusconni mediante el Decreto Flussi permitió el ingreso -y la regulación de inmigrantes sin papeles- de un total de 98.080 ciudadanos no comunitarios. De los cuales: 52.080 plazas estaban reservadas para trabajadores provenientes de países que tienen convenios con Italia, 30.000 para la categoría de Lavoro Domestico y 16.000 para descendientes de italianos y para cambio de status de estudiantes a residentes. Ecuador no cuenta con un convenio con Italia, por lo que Andrés y yo fuimos seleccionados en la estrecha lista de los 1.000 ciudadanos del resto del mundo habilitados para ingresar. A pesar de la crisis, del aumento de desempleados, de la xenofobia y de las redadas ese año hubo un total de 406 mil aplicaciones. Entrar fue algo así como ganar la lotería.
Pero la realidad es que ambos debíamos buscar trabajo si queríamos quedarnos en la Bell’ Italia que, por primera vez desde 1992, ascendía a 9,8% la tasa de desocupación. Según el Istat (Instituto Nacional de Estadística) en personas eso significa 2.506.000 desempleados.
– ¿Y has estado buscando algo?
– Si, desde hace tres meses ando, pero tú sabes, está jodida la cosa, flaquito. Pero igual, no pierdo la esperanza. Ahora me metí a tocar la guitarra en la iglesia cercana de mi casa. No me gusta pero me recomendaron entrar para así conocer gente y ver si por ahí sale camello. Puede que me salga para hacer de muratore (albañil). ¿Tu trabajarías de muratore?
-Claro, hay que trabajar de lo que salga.
-Es verdad. Ojalá me salga eso.

 

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Para algunos fue una hermosa mañana de sol aquella del 8 de mayo de 2011, en la isla de Lampedusa. El video de la página del Corriere della Sera muestra rostros de alegría y cansancio gritando “I Love Italy” desde la barca celeste- blanca, de 5 metros de largo por 2 de ancho, perteneciente a la Guardia Costera Italiana. Es la llegada del tercer grupo con 60 migrantes africanos rescatados de un barcaza rústica que transportaba 550 personas y que horas antes había chocado contra las rocas. No obstante para Silver Bagongo fue la primera vez que sintió miedo desde que partió. Ni siquiera las noches en que el cielo y el mar se confunden cegando el horizonte causaron temor en este centroafricano de 1.85 m que, viendo el video, relata sintió aquello al no saber qué sería de su vida en tierras italianas.
Conocí a Silver asistiendo a Asnada, una escuela experimental de lengua que no solo busca enseñar el italiano a extranjeros -mayormente de África y Oriente Medio que vienen huyendo de guerras, de gobiernos factos o de la pobreza extrema- sino que adicionalmente trabaja, a través del uso de la palabra, temas que permitan una mejor integración de los estudiantes a la sociedad italiana. Ubicada en la zona de Bovisa, la escuela tiene su sede en una Biblioteca Pública de Milán en la que cada mañana de martes y jueves seis mujeres italianas y una chilena se embarcan en la laboriosa tarea de enseñar las reglas básicas de la gramática, la ortografía y la correcta pronunciación a aproximadamente 50 inmigrantes, mayoritariamente hombres, que en muchos casos no han tenido una educación básica en sus países.
En clases, Silver, destaca por su domino del italiano levemente afrancesado, por su alta estatura, por su buen humor y por su constante sonrisa de sandía. Un año atrás, mucho antes de estar sentado en una sala rodeada de libros ayudando a sus compañeros con la nueva lengua, Silver cruzó el Mediterráneo durante cuatro días sobre una barca sin radar, sin conductor capacitado y sin saber si sobreviviría a un mar borrascoso que desde 1998 ha cobrado las vidas de al menos 18.278 personas según Fortress Europe. Al sobrevivir el viaje él y sus compañeros se convirtieron en uno de los 56.000 inmigrantes que arribaron por aquella ruta a Italia, un nuevo record en los registros del Concilio Italiano para Refugiados.
Desde el 2003 la guerra invadió su vida, obligándolo aquel año a dejar su país tras el golpe de estado efectuado por Francois Bozizé en la que asesinaron a sus padres y lo separaron de sus hermanos. Buscó mejores días en Chad, donde trabajó como electricista en una base del ejército francés, y dejó el país cuando la guerra civil iniciada en el 2005 se hizo insoportable. Cruzó hasta Libia en el 2009 donde faltaba libertad de expresión pero no trabajo. Su plan era permanecer un par de años, ahorrar para intentar viajar a Estados Unidos, pero a los cinco meses de haberse instalado iniciaron los bombardeos de la OTAN para derrocar a Gadafi. Dos meses después supo de una barca que salía para Europa. Días antes un rebelde libio le había apuntado un arma a la cabeza robándole sus pertenencias. Decidió que era, otra vez, hora de partir.
– Nunca pensé en venir a Italia a hacer dinero porque pensaba que no iba a tener la posibilidad de hacerlo como en Libia. Allí no necesitaba documentos, no me pedían papeles o titulo para trabajar. Allá podías estar en tu casa y te buscaban para trabajar, eso no sucede acá.
Me lo dice una tarde de marzo, en una de las decenas de jornadas de protestas, que se han efectuado en la era Monti, a partir de la subida de impuestos como parte de las medidas de austeridad. Silver habla con voz ligera y pausada, manteniendo su habitual sonrisa que no desaparece a pesar de frecuentar sin resultados Agencias de Lavoro, a pesar de haber dejado su Curriculum en más de 15 puestos donde ofrecían trabajo y a pesar de estar por más de seis meses en lista de espera para frecuentar un curso de electricista que le permitiría trabajar.
– Acá son cerrados. Cuando he buscado trabajo como electricista me dicen que porque en África la potencia es de 110 watts entonces no puedo trabajar aquí, por lo que me mandan a hacer una formación. Pero en mi país he trabajado sobre 220. Esto es una tensión de una fase por metro, la electricidad es una ciencia exacta.
– ¿Pero es un curso que toda persona tiene que hacer para trabajar como electricista?
– No se necesita pero el hecho de ser extranjero tienes que hacerlo. Di el examen en italiano para ingresar al curso en un centro de formación para migrantes, con cupo para 15 personas, pero cuando lo hice habían 8 italianos también aplicando. Al salir los resultados vi que quedé en el puesto 16. He ido a preguntar qué puedo hacer pero me dijeron que tengo que esperar a que uno se retire para poder entrar.
-¿No es más fácil, por la lengua, ir a buscar trabajo en Francia?
-A lo mejor pero no me quiero ir. Me gusta Italia porque he encontrado buenos amigos en Milán, no me gusta por el punto financiero. Además pienso que si estaría en Estados Unidos o en Francia sería siempre difícil porque no es mi país. Lo importante es no perder la esperanza.
Hoy en día Silver forma parte de los 5.662 inmigrantes que poseen el soggiorno, o residencia, bajo una protección humanitaria. Su domicilio en Nelegnano y sus ingresos mensuales de €75 corren a cargo de un fondo de las Naciones Unidas, manejadas por el Ministerio de Interior y la Cruz Roja Italiana. Solo encontrando un trabajo podría escoger vivir en Milán o tener un ingreso económico que le alcance a fin de mes . Hoy en día, Silver, sin perder el optimismo, recorre las calles de Milán en busca de no formar parte de los aproximadamente 235 mil extranjeros desocupados y así no tener que pensar cruzar la frontera otra vez.

 

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Cuando amigos y familiares, al otro lado del mundo, me preguntan ¿qué tal vivir en Italia? respondo con un “Chevere, me gusta”. Y es verdad. Lo bueno de vivir en una ciudad nueva como Milán es que todo precisamente es nuevo, siempre hay algo por conocer (gente, lugares, palabras, expresiones, hechos) que hacen de los días un cuaderno blanco que uno va llenando. Todo lo contrario pensaba Aria Lory cuando la conocí en diciembre. Esta risueña milanesa de 25 años, dueña de lentes rojos y cabello café corto, me dijo en un español perfecto, adquirido tras vivir un año en Ecuador, que la ciudad que me parecía nueva a ella le parecía vieja, gris, fría, húmeda, repetitiva y cara. Tres meses antes se había despedido de su vida de viajes por mar, selva y montaña, por ello cuando su avión aterrizó en el aeropuerto de Malpensa no pudo evitar derramar lagrimas al recordar su hermosa vida en “el tercer mundo”.
Cuando la volví a ver meses después mantenía el mismo discurso pero esta vez tenía en mente emigrar o a un país de Latinoamérica, o Asia o al sur de España. Su sonrisa moría cuando tocábamos el tema de la crisis, se la notaba cansada de tocar puertas para trabajar en su campo. Había estudiado en la universidad Terapia Neuropsicomotriz, pero desde su llegada solo había podido conseguir cuatro trabajos a medio tiempo: ayudando a un niño con problemas de aprendizaje después de la escuela, como vendedora de un lujoso local de muebles, como barista en un café y como mesera por las noches en un bar llamado Unión. Mientras Andrés, Silver y yo a diario emprendíamos la búsqueda de un trabajo para permanecer en el país, Aria sacaba tiempo de donde no tenía para desempeñar cuatro trabajos que le permitieran irse de Italia y ser una más de los 2milones de italianos que han partido desde el 2010.
Cuando le conté sobre mi decisión de estudiar un máster o una carrera nueva, para tener alguna mejor oportunidad aquí y para agregar un titulo más a mi curriculum, Aria frunció el ceño y con un español italianizado me dijo mirándome a los ojos:
-¡Hoy tener un titulo no te garantiza nada! Ahora mismo tengo siete amigos “laureados” hace no más de tres años y todavía no han encontrado trabajo. ¿De qué sirve haber estudiado cinco años, tener la cabeza llena de conocimiento y salir a un mercado que quiere que trabajes gratis?
– Pero es cuestión de crear algo.
-Sí pero difícil obtener apoyo ahora. Y solo no puedes. A menos que tengas mucha plata o de pedirle a tus padres que te ayuden, pero la situación no es buena ni para ellos.
Su respuesta quedó bailando por días en mi cabeza. Crisis. Trabajo. Estudio. Desempleo. El país que ha ganado 57 Oscars, 20 Premios Nobel y 4 Mundiales de futbol, no solo es el país con mayor número de jóvenes universitarios desocupados en Europa (+15%), además tiene la gasolina más cara (+12%) y, según el Eurostat, el costo de vida más alto (+2%) al tener uno de los ingresos anuales netos más bajos (€23.406) por detrás de Grecia (casi €30.000), Irlanda (€31.810) y España (€27.741). Comenzaba abril y para entonces la confianza en el Presidente Monti había descendido del 54% al 46%.

 

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-Porco Stronzo!
El fuerte insulto termina de llamar la atención a los que, segundos antes, no se habían inmutado por el escandaloso ruido de la bocina y el dramático frenado a raya que el conductor de un costoso BMW gris había protagonizado. Diez metros más adelante, una persona asiática, con lentes y vestido blanco y de cabellos largos que salen de un sobrero negro de copa -a lo Alex DeLarge, de la Naranja Mecanica-, huye a toda carrera sobre una bicicleta negra. No presta atención al insulto dirigido a él y con cara de preocupación pasa alado de las personas en la acera al ver que el dueño del BMW, rayado por la bicicleta, ha empezado a darle caza. Esto ocurre en Zona Brera durante la Semana de la Moda. Siete días de abril que marcan un antes y después en Milán, las calles son invadidas de exóticos personajes, como el asiático, de arquitectos, diseñadores –industriales y de interiores- y de empresarios de toda Europa que llegan hasta la ciudad para ver las últimas tendencias del diseño de muebles, cocinas y un sinnúmero de artículos para el hogar que son exhibidos, con cóctel gratis, en diversos bares y locales de la ciudad.
Aquellos días parece que Milán no estuviera en medio de una crisis. Pero lo está. Sobre aquel tema durante semanas venía hablando con Silvia Bo, arquitecta italiana de 28 años, estatura media, cabellos ondulados y amplia sonrisa. Su acento argentino llama la atención cuando habla. Vive en Torino pero con planes a corto plazo de mudarse a Paris, la segunda ciudad más cara de Europa en cuanto arriendos. Por el momento Silvia no es una de las 2.506.000 personas desocupadas en Italia, trabaja en un estudio de arquitectura, con contrato hasta julio, fecha en la que tiene planeado partir y unirse al grupo de 300.000 italianos profesionales que han decidido dejar el país.
– Yo no me voy porque tengo la necesidad económica de irme. Mal o bien aquí tengo una casa en la que solo pago la spessa, tengo contactos con los que podría conseguir un trabajo nuevo y tengo a mis padres que me podrían ayudar en crisis extrema. Me voy porque no veo posibilidades de mejorar como profesional, un poco decepcionada por las experiencias que tuve.
– ¿Como qué?
– Miro a la gente que trabaja conmigo y que tiene 10 años más que yo y lo que veo no me gusta. No me da ganas de invertir y hacer esfuerzos en algo que no veo mucho progreso y poca satisfacción. Al principio tienes mucho entusiasmo por qué quieres aprender muchas cosas, entonces no te quejas si te ofrecen trabajar gratis, o si no estás contento con la paga. Pero luego si tu quieres aprender cosas nuevas y aplicarlas en los estudios, no valoran tu emprendimiento, te dicen que aquel programa nuevo que estudiaste haciendo un curso no lo usan allí. Me ha pasado en mi experiencia laboral durante estos dos años, acá como que empiezas pero no vas creciendo en oportunidades. Entonces tengo la idea de que no podré construir algo importante.
-¿Y en Francia si?
-De lo que he averiguado sí. En Francia hay ese ideal de seguir creciendo. Comenzando con el apoyo que te dan, por ejemplo, los estudiantes que hacen stage tienen un sueldo mínimo solventado por el estado, si estás graduado no es posible que trabaje gratis, es ilegal. En los años que he trabajado el sueldo máximo que me han pagado ha sido de €1.000, en Francia el mínimo para un arquitecto recién graduado, sin experiencia, es de €1600.
– Y si no te va bien en Paris, también están en crisis?
– Puede ser que Francia este peor que antes, pero por lo que veo, en mi campo de trabajo ahora ofrece más oportunidades que acá. A ver qué pasa, puede ser un fracaso igual, ¿por qué no? Lo peor que me pueda pasar es regresar hablando bien el francés.

 

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Mientras veo por la televisión a Mario Monti hablando sobre los terremotos que ha sacudido a Italia en el transcurso de estas dos semanas, recuerdo la primera vez que hablé con Silvia en que me preguntó por qué había decidido venir cuando la tendencia es partir. Tras contarle que llegaba a reencontrarme con mi familia, de quienes había estado separado más de diez años, se alegró por mi decisión y me recomendó no dejarme envolver del pesimismo que sintió al arribar a Italia después de haber pasado un año de intercambio en Argentina. Ambiente oscuro, compañeros, derrotados, sin entusiasmo de materializar ideas, sea por saturación o resignación a poder tener solo resultados peores. Diferente a Latinoamérica donde la gente que conoció tenía una forma diferente de pensar el futuro, con más imaginación y proyectos.
Esta crónica nace como aquello. Como un nuevo proyecto que le da pelea a la crisis.

One Response

  1. Interesante perspectiva.

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