EL FUTBOLISTA AFRICANO QUE GAMBETEA EN MÉXICO, por Zenyazen Flores.

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ZENYAZEN FLORES BARRIOS (México). Desde hace cinco años, la pluma, libreta y grabadora la han acompañado. Actualmente es reportera del periódico El Financiero, antes trabajó en Milenio Diario y la Agencia Notimex. Estudió periodismo en la UNAM, tiene 27 años y es originaria del Distrito Federal. Le gusta observar a las personas, viajar y escribir en las madrugadas con música de fondo. Unos pantalones azules con bolsas a los lados son sus favoritos para salir a caminar y buscar historias que contar.

 

 

EL FUTBOLISTA AFRICANO QUE GAMBETEA EN MÉXICO

 

Hace un par de años Jackson viajó a México para convertirse en futbolista profesional de la primera división, una liga que cada temporada realiza transferencias de jugadores hasta por 28 millones de dólares. No tuvo suerte. Entonces decidió jugar en los llanos como amateur, en donde sin planearlo encontró una forma de vida y el pretexto perfecto para no regresar por un buen rato a Nigeria. Hoy, él es uno de los 174 nigerianos radicados en México.

 

Trabajo final de Zenyazen Flores

 

 

 

¡Hey, Jackson, Jackson, acá, pásala!, grita el capitán del equipo, un hombre chaparro y de cabellera hasta los hombros. La pizarra marca el minuto 20 del segundo tiempo. Jackson, con el jersey número 18 y de un naranja fluorescente que resalta con el negro de su piel, tiene el balón en posición de despeje en el área chica de la cancha de soccer pero no se anima a patear el esférico. Finta al contrincante, gambetea, camina tres pasos sin perder de vista el balón, levanta la vista y corre unos cinco metros con zancada larga, despeja con la pierna derecha.
Casi no hay afición, los pocos que hay son “niños bien” que beben refresco de cola con brandy mientras platican de sus conquistas amorosas, a veces voltean a la cancha de un césped tan verde que parece una alfombra aterciopelada. La cancha está enmarcada con tres astas de las que cuelgan las banderas de Inglaterra, del anfitrión México y del Reforma Athletic Club, que es la sede del único torneo internacional amateur que se realiza en el país.
El balón rosado, que es el mismo con el que se juega en la Primera División de México, cae a los pies del jugador con el número 12 en la camisola y quien también es de negra piel. En cuanto sus pies tocaron el balón se encarreró por la banda y en menos de 10 segundos ya estaba frente a la portería con dos jugadores a la defensiva.
Jackson llegó hasta ese punto para apoyar a su compañero. El “12” sigue, engaña al rival, y con tremendo disparo hace la anotación. Nadie gritó el tan latino y prolongado ¡Goooool!, y casi nadie celebra. Al final la intervención de Jackson no fue necesaria en la conclusión de la jugada.
Sólo un grupo de cinco argentinos aplaude el gol, y entre ellos se preguntan “¿por qué no llamamos a jugar con nosotros a ese Jackson y el 12?”, uno de ellos responde que “Jackson es el mejor de ellos, juega bien, pero ya no hubo tiempo de anotarlo con nosotros”.
Los 45 minutos reglamentarios del segundo tiempo alcanzan el cronómetro y el árbitro da el silbatazo final. Con un marcador a favor de 3-0 gana África al conjunto de Yucatán. Los tres nigerianos, un camerunés y un costamarfileño, se abrazan entre ellos y se felicitan. El resto de los jugadores de África, que son mexicanos, se muestran indiferentes y se limitan a estrechar la mano como mero compañerismo, en cambio los africanos de nacimiento se congratulan entre ellos diciéndose “¡felicidades rubios!”.
Lo que sigue es “rayar”, como se dice popularmente en México cuando un obrero cobra su salario en la caja de la empresa al término de su jornada laboral. Jackson recibe por ese partido 200 pesos mexicanos que son unos 15 dólares, hubieran sido hasta 400 pesos pero esa paga es sólo para quienes anotan los goles.
-Te tocan 200- dice el portero que a su vez es el dueño y tesorero del equipo, y que para pagar se sienta en una silla gris plegable frente a una mesita de metal con un estampado de “Cerveza Cartablanca”.
-¡Va!- responde Jackson y se va…

 

GANAR DINERO SIN TRABAJAR
Como jugadores los nigerianos son muy buenos, su raza lo es. Son fuertes, hábiles, rápidos y disciplinados a la hora de jugar. No son pobres, pero tampoco viven con lujos, hacen lo que quieren y no se presionan.
Jackson está solo en México desde inicios de 2010, no tiene a nadie de su familia en el país. Pero eso poco importa a su espíritu aventurero. Admite que no hace su máximo esfuerzo en un partido porque durante un día llega a jugar hasta tres, por los cuales recibirá como paga un mínimo de 200 pesos mexicanos.
En campos llaneros o en deportivos como Los Galeana, Acoxpa o Santa Cruz Meyehualco, ubicados en la Ciudad de México, así como en instalaciones de diferentes universidades, Jackson encontró lo que no pudo en el futbol profesional: una forma de vida haciendo lo que más le gusta, divertirse y bailar al mismo tiempo que juega soccer. Cuenta que en el argot llanero los nigerianos describen su trabajo como “ganar dinero fácil pero sin delinquir”.
Todos los sábados y domingos jugadores de países como Brasil, Paraguay, Argentina, Uruguay, España, El Salvador, Venezuela, Cuba, Bolivia y Chile, principalmente, se dan cita en esos campos terrosos para alquilarse, para venderse como jugadores de calidad y habilidad diferentes a la de jugadores mexicanos, quienes en su mayoría adoptan el futbol llanero por hobbie.
Hugo, un ex jugador profesional de primera liga que ha compartido el pambol con Jackson, ha encontrado en los llanos una oportunidad de seguir en el soccer aunque sea vía amateur.
Mientras estira las piernas y gira el torso, a un lado de la portería de un campo del Instituto Politécnico Nacional, Hugo cuenta que los brasileños son los preferidos de los directores técnicos de los equipos llaneros: “piensan que por venir de Brasil mueven mejor el balón, pero eso no es cierto, sólo es la fama que tienen por tanto mundial ganado”.
Nigeria en el futbol destaca por lo veloz y por la habilidad, cuenta Emmanuel, un joven de cabellos chinitos y de esbelto cuerpo que viste una playera con el rostro estampado de Bob Marley.
Jackson tiene 27 años, aunque aparenta más edad, su marca personal son sus dreadlocks, de apenas unos cinco centímetros de largo, que no se alborotan con el viento aunque pero sí cuando el nigeriano salta para cabecear el balón. Su piel es negra como el cacao, y cuando el sudor resbala en su rostro su piel brilla como la obsidiana. Sus ojos son grandes y redondos, con pupilas de un tono verde uva, su nariz es ancha y sus labios son gruesos rosados pero no son toscos.
Casi alcanza los dos metros de altura, su cuerpo es atlético y a pesar de que, confiesa, le gusta tomar cerveza casi diario, no tiene “panza chelera” como decimos los mexicanos, ya que sorprendentemente su abdomen es tan marcado que se dejan ver los músculos en lo repegado de la playera blanca que viste siempre debajo de la casaca.
Sus brazos y piernas son fornidos, como las esculturas griegas que reposan en los museos de arte en Europa y que son cuerpos cercanos a la perfección. Si una mujer tiene de frente Jackson, es imposible que no voltee a verle el trasero redondo y firme, que difícilmente puede disimular con los pants blancos ajustados que viste y que dobla varias veces de la parte de abajo a manera que queden a la altura de las rodillas, como short.
-¿Por qué decidiste venir a México?
-Yo na’más para la aventura
-¿Querías venir a trabajar?
-No, no, na’más la aventura
-¿Y ya has ido a otros países?
-Sí
-¿Cuáles?
-España y Francia. Luego me vine a México en avión
¿Tenías algún conocido en México?
-No
-¿Y que dijeron tus papás de que te viniste?
-Nada, yo me fui de aventura. Si tengo mi dinero ahorita me voy a Brasil para el mundial. Cuando me vine para acá yo dije, ya me voy a conocer diferentes culturas

 

174 NIGERIANOS EN MEXICO
En la actualidad, millones de personas emigran de sus lugares de origen hacia otros países con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida, conseguir mejores oportunidades de trabajo, de estudios o bien para reunirse con sus familiares; en otras circunstancias hay quienes buscan un lugar seguro para preservar su vida.
En la mayoría de los casos las personas provienen de ambientes en los que predomina la pobreza extrema, conflictos sociales y políticos, como en este caso es Nigeria.
De acuerdo a los datos del informe más reciente de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2010), en la actualidad el número total de personas en movimiento a nivel mundial asciende a 214 millones de personas.
De tales estimaciones, destaca México como país de emigrantes al tener 10.1 millones de personas viviendo en el extranjero, número que equivale al 8 por ciento del total de su población.
Según el último censo de población desarrollado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2010), en México viven 961 mil 121 personas extranjeras, que representan el 0.86 por ciento de los 112 millones de mexicanos.
Ese mismo estudio señala que 80 por ciento de esta población está compuesta por personas originarias de Estados Unidos y Guatemala, de ese porcentaje casi tres cuartos son provenientes del país de la bandera de las franjas y las estrellas; asimismo, España, Colombia, Argentina, Cuba, Honduras y Venezuela representan en conjunto 8.2 por ciento del total de la población que reside en México.
El 11.8 por ciento restante corresponde al resto de los países del mundo, entre los cuales se encuentra Nigeria. Datos del Instituto Nacional de Migración (INM) indican que actualmente viven en México 174 nigerianos, que en su mayoría viven en la periferia de las grandes ciudades del país, sin embargo, no se tiene una estadística para conocer a qué se dedican en su mayoría.
Jackson confiesa que le ha gustado el país del mariachi, sobre todo porque ahí encontró a tres nigerianos que también buscaron suerte en la Primera División mexicana. Ellos cuatro son los únicos nigerianos en la Ciudad de México que juegan futbol en los llanos.
De acuerdo con un estudio de la organización civil Sin Fronteras, publicado a finales de 2011, hay poblaciones en México provenientes de países tan diversos como El Salvador, Haití, Nigeria, Camerún, Congo, Sri Lanka, India, entre otros, de los cuales hace una década no se pensaba fueran a emigrar.
Un perfil de la OIM llamado “La migración en Nigeria”, señala que aunque ese país, que cuenta con alrededor de 140 millones de habitantes, es tradicionalmente un importante destino para los migrantes en África, son más las personas que emigran y la mayoría va a Sudán, Estados Unidos o el Reino Unido.

 

LA OTRA CARA DEL FUTBOL: UN TRABAJO Y UN NEGOCIO
¿Y no piensas volver a intentar colocarte en la Primera División?
-Ya no, ahora me gusta el desmadre, la fiesta- se ríe y aplaude con sus manos grandes de dedos largos con yemas y uñas blancas.
-Ja, ja, ja, ya en serio, ¿no te gustaría buscar un lugar profesional en la Primera División?
– Lo que pasa es que aquí en México estar en un equipo profesional de futbol es mucho de conexión y no de talento. Necesito alguien que me represente. Estando en los campos amateur algunos te dicen que primero vas a firmar un contrato de cuatro años o cinco años, pero naaa (sic), ¡no manches!, eso significaría para mi hacerme viejo en un equipo.
Jackson no lo dice abiertamente, pero con los dos años que ha vivido en México, se ha dado cuenta que el futbol es un negocio de piernas bien valuado en el que los jugadores no siempre, o mejor dicho, casi nunca participan, situación que al amparo de la Ley Federal del Trabajo (LFT) es una violación a sus derechos laborales.
La transferencia de un futbolista de un club a otro, a cambio de una suma que paga el club que recibe al jugador se conoce como fichaje o pase. Esos traspasos se cotizan a precios muy elevados o subvaluados.
En diciembre de 2009, el delantero del equipo Pumas de Primera División, Francisco Palencia, expresó ante la prensa mexicana que “¡Los directivos siempre te tienen atado!”
Tan sólo para el Torneo de Apertura 2012, de la renombrada Liga MX, que inició en julio de ese año, se realizaron un total de 104 operaciones o fichajes como parte del Régimen de Transferencias de la Primera División, equivalentes a un monto de 368 millones de pesos, algo así como 28 millones de dólares.
En México, la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) domina las reglas del juego y el presente y futuro de los jugadores de manera subordinada.
Once pares de piernas que valen millones de pesos pelean por el balón, meter un gol si eres jugador o parar un balón si eres portero, es el objetivo, de ello depende su permanencia y vigencia en el futbol. Si fracasan, el patrón decidirá su transferencia o rescindirá su contrato sin opciones para el jugador.
Recientemente se hizo público que la Federación Mexicana de Futbol (FMF) no realiza el pago de impuestos por aproximadamente 100 millones de dólares que ingresan a sus finanzas.
Justino Compeán, presidente de esa federación, aseguró que ese dinero es repartido entre los clubes de la primera división para el estímulo de las fuerzas inferiores, por lo que dichos impuestos no se cubren por un acuerdo entre la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el Sistema de Administración Tributaria.
En el gremio futbolístico, saben que transparentar el destino del dinero que entra por publicidad, patrocinios y transferencias de los jugadores es tan “top secret” como aquellos dichos que acusan a la NASA de ocultar al mundo información sobre vida en Marte.

 

VIDA AMATEUR
Jackson antes de que llegara a México ya había probado suerte en la Tercera División de España: estuvo en el Tenerife, un equipo que ha reclutado varios mexicanos que incluso han tenido el mismo sueño que Jackson: llegar a la máxima liga de ese país ibérico.
Ya en tierras aztecas, el nigeriano fue fichado por el Club León, un equipo de la Segunda División, después fue traspasado al Cruz Azul Hidalgo, pero en ambos equipos su estancia fue corta, apenas de dos meses en cada equipo.
Él dice que le faltó tener un contacto o alguien que lo representara para poder prolongar su estancia en esos conjuntos, sin embargo, al mismo tiempo celebra esas experiencias profesionales, pues gracias a ello conoció a las personas que hoy lo tienen en los llanos jugando de manera amateur.
-Ahora vivo de esto y no hago otra cosa en la semana. Juego los fines de semana dos o tres partidos al día, y me doy mis descansos los lunes y jueves- cuenta con una voz relajada pero con una comunicación corporal un tanto inquieta.
-Oye, ¿y no te cansas de jugar tanto en un día?
-No, ya me acostumbré a jugar varias veces en el día. Lo máximo que he jugado son tres partidos por día, pero siento que con lo que corro por las noches todos los días, me alcanza para aguantar- relata el futbolista que vive en Aragón, un municipio ubicado al nororiente de la Ciudad de México.
Al ser sólo cuatro nigerianos en la Ciudad de México, Jackson cuenta que han optado por estrechar entre ellos los lazos de amistad, y una forma de ello es ir de fiesta los martes, aunque aclara que si se puede echar relajo diario, para ellos es mejor.
El nigeriano termina por invitarme a una fiesta en la Condesa, una colonia citadina cosmopolita donde se reúne la comunidad africana.
-¡Se va a poner bien, vas a ver!- me dice Jackson mientras me despide con un abrazo apretado.