EL FAGOTISTA DE MADRID, por Marcela Fernández Barreneche

 

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MARCELA FERNÁNDEZ. Colombiana de 22 años estudiante de periodismo y literatura. Viajera incansable, buscadora de historias por vocación

 

 

 

 

EL FAGOTISTA DE MADRID

El fagot llega a su vida salvándole la vida a un joven, años después viaja a Madrid como fagotista de la orquesta de ópera, ballet y zarzuela cubana. Cándido toca el fagot hace 20 años en el metro de Madrid, tocar en las estaciones no le da para vivir pero con lo que gana puede subsistir. El fagot es más que su familia, el ajedrez su refugio
 

 

Trabajo final de Marcela Fernández

 

 

En Cuba, mientras muchos eran señalados por luchar contra el sistema, Cándido empieza una lucha personal por poder estudiar, se va de su isla en 1993 con la orquesta de ópera cubana creyendo encontrar en Madrid desarrollo para su instrumento, el fagot, y buscando poner en manos de las nuevas generaciones un libro que escribió sobre la enseñanza de este tubo cónico perteneciente a la familia de viento-madera.
Mientras esperaba la resolución de asilo, vivía en un albergue, sus compañeros le recomendaron tocar en el metro mientras se solucionaba su situación.
Cándido ensayaba en el parque de El Retiro de 8 pm a 2 am, de lunes a domingo, “Uno nunca sabe todo”. decía. Por eso estudiaba tocando en la puerta de Alcalá mientras en el día trabajaba tocando el Fagot en las estaciones del metro.
Un día mientras tocaba en la estación de Príncipe de Vergara, se le acercó una señora para informarle sobre una convocatoria que hacía la filarmónica en el teatro Calderón al día siguiente.
-deme su dirección, si usted no va, yo lo voy a buscar a su casa.
La señora no tuvo que ir por Cándido, Al otro día estaba en Banco de España a las 6 de la mañana, 3 horas antes de la convocatoria para poder practicar.Entro al teatro, minutos antes de la convocatoria, preguntó dónde podía practicar. Lo enviaron a la cuarta planta, y después de unos minutos lo llamaron y le preguntaron si era él quien estaba tocando.
Cándido no tuvo que entrar a la convocatoria, fue una contratación directa, nunca se imaginaron encontrar un fagotista como el, y mientras los demás músicos tuvieron que esperar un mes para la respuesta, se fue a casa con un contrato firmado en el bolsillo.
Mientras se presentaban ante el público, se cayó una cornisa del teatro, murió una persona que estaba afuera del teatro, en su coche, mientras esperaba el semáforo. El teatro cerró sus puertas y no pudieron presentarsemás, todos se quedaron sin trabajo,Cándido empezaba otra vez de cero. “Todos me decían que no me fuera del país que mi fagot aquí era imprescindible, y por eso decidí quedarme”. Afirma.
Cándido dejo en Cuba su familia, antes de partir, le dijo a su mujer “si en dos años ustedes no pueden viajar a España o yo no puedo volver a Cuba, olvídate de mí, tu eres mujer y los años pasan, echa tu pa‘lante sin mí”.
“Mi vino es amargo, pero es mi vino, Cuba es mi patria, yo no olvido eso, pero no añoro volver”.
Cuando se va de viaje, lo mejor es dejar ese presente, hace daño pensar en lo que se ha dejado atrás constantemente, “yo me quito el reloj si hace falta que mi hijo viva mejor en Cuba” dice Cándido, hace 20 años no va a la isla y prefiere ser el quien se sacrifica por su familia, llevarlos a España no está dentro de sus posibilidades.
“En España el Fagot ha sido más que mi familia, durante 20 años ha tocado día tras día en una estación del metro diferente durante dos horas diarias”. Dos horas en Fagot que equivaldría a 4 horas en una orquesta por la resistencia que exige el instrumento, por su propia seguridad no puede tocar más de 2 horas, aunque quisiera hacerlo para ganar más dinero, si lo hiciera en dos meses estaría destruido.
Esta dificultad no la tienen otros músicos que pueden tocar hasta 6 horas de corrido, su instrumento no les da esta limitación, por este motivo a veces los demás músicos encuentran primero los mejores lugares o los más concurridos.
Los lugares se escogen por rotación. Mientras Cándido toca en el pasaje que conecta la calle Lagasca con el parque El Retiro, Saulo toca la guitarra desde las 6 am en el pasaje de avenida América de la línea 6, es un buen lugar para tocar el fagot pero suele estar siempre ocupado por los instrumentos de cuerda que pueden tocar indefinidamente, al mismo tiempo Tony toca la flauta en príncipe Vergara, estación donde la acústica es envidiable. Muchos músicos usan grabadora o amplificador, no es el mismo esfuerzo, no es el caso de los 146 centímetros del fagot.
Cándido no escoge el lugar porque den allí más o menos dinero, sabe que en promedio recibe mínimo 5 euros sin importar el lugar en el que este, aunque con la crisis se corre el riesgo de bajar la cantidad. El lugar se escoge en realidad según la acústica. Es diferente si se toca al aire libre o en el pasaje de alguna estación, hay condiciones instrumentales que se deben considerar, “lo que te hace mejor fagotista es el medio, los lugares donde tocas”, y otras características, como por ejemplo la boquilla.

 
Una boquilla cuesta 40 euros, y puede durar 3 días aproximadamente. Desde 1995 Cándido tiene un millón de pesetas en boquillas, corrió con suerte, la casa de Repardiz, una casa de música donde iba a tomarse unas cañasdespués de tocar, tuvo que cerrar , le dejaron allí dos cajas llenas de boquillas, todavía le quedan 3 boquillas por usar.
Enrique, el solista de la banda filarmónica de Madrid también le ha ayudado a conservar sus boquillas, después de usarlas Cándido las limpia y puede seguir usándolas. Un día, el reconocido solista se le acercó y le pregunto:
-¿cuánto me cobra por darme clases?
– yo si te ayudo lo hago gratuitamente, tú me dirás si notas la diferencia.
Al terminar la lección, Enrique le dijo que no valían sus estudios en Alemania, ni los 5 mil euros pagados en cursos en conservatorios, ni el dinero ni el tiempo invertido en esas lecciones habían logrado lo queCándido, en poco tiempo había hecho,“no tengo como pagártelo”, me dijo con cariño, que alguien sepa tocar mejor el fagot es siempre su mayor recompensa.

 
Desafortunadamente en España no funciona el “favor con favor se paga”, hay que correr con la suerte de que alguien quiera ayudar y quiera asumir el riesgo de hacerlo, pero “cuando eres músico, los años pasan y te vas dando cuenta que te estas desperdiciando, lo correcto es aprovechar los saberes, aprender a formar una persona través de un instrumento”. El fagot de Cándido ha sido usado siempre como apagafuegos.
Cuando se enferma el fagotista de alguna orquesta, siempre piensan en el “moreno”. “lo has tocado impecable, mejor que el solista original”, le dicen, pero aun así sigue siendo un reemplazo. “Si en cualquier parte del mundo yo veo un letrero que dice: audiciones de fagot, sé que lo que buscan es calidad, aquí se fijan primero en mis papeles”.
En cuba un músico es un personaje honrado, en EspañaCándido es un inmigrantemás.
“lo mío es esperar un tiempo, pero como decimos en mi país, el arroz se está pasando, si no encuentro nada aquí, me voy, no es que Madrid me amarre, es que no tengo como irme”. En Madrid Cándido se siente siempre en casa ajena, necesita una buena oferta de trabajo.
Tocar en el metro da para subsistir, pero no para vivir, “si los otros tampoco tienen,¿cómo te van a dar?”. Tienes que estar convencido de que te van a echar, la gente es amable, es buena, sin conocerte te ayudan, yo tengo que estar agradecido con el pueblo de Madrid, los demás no son agradecidos, ni los jóvenes ni los viejos saben ya de gratitud.
Si te dan un céntimo a lo mejor en una hora te haces 100 céntimos, y con el paso de las horas esos céntimos se convierten en euros.
A veces aparece un turista o algún madrileño con tiempo que le piden una melodía particular, el solo del barbero de Sevilla, el concierto de Mozart, Sherezade en Fagot o el bolero de Ravel, el más pedido, y Cándido recibe 10 euros, se hace un díaespléndido, y puede darse el lujo de comprar cigarros.
“esto pasa un día, excepcionalmente cada tres meses”, dice, mientras se fuma un cigarro y recuerda su infancia.
“el fagot llego a mi vida mientras le salvaba la vida a un joven” dice este cubano de Guantánamo, criado en la Habana, varón único en una familia de tres hermanas menores.
Cuando tenía 12 años su madre sufrió un pasmo, y desde aquel entonces mantuvo una extraña enfermedad. “yo cargue con la responsabilidad de la casa, le cargaba el agua a los vecinos, limpiaba zapatos y echaba carbón en los hornos”.
Una tarde, vio como unos muchachos que venían del sector marginal se acercaban a un grupo de chicos para quitarles sus juguetes. “era el día de reyes, veo como se los quitan y empiezan a pelear, uno de ellos quería meterle un puñalazo al chico, en ese entonces tenía una garabato conmigo porque siempre andaba solo, me metí a defenderlo y termine preso.”
El padre del chico apuñalado era teniente de la marina y al enterarse de que Cándido le había salvado la vida a su hijo de 3 años fue a sacarlo de la cárcel.
Recuerdo sus palabras, me dijo, “te voy a regalar tres cosas, unos zapatos porque siempre andas descalzo, una muda de vestir porque me han dicho que siempre usas la misma, y te voy a dar de comer porque sé que ayudas a tu mama, pero todavía hace falta una cosa: te voy a regalar un instrumento, ¿cuál quieres?
Los ojos de Cándido se iluminaron.
– yo toco el fagot, mis hijos tocan la flauta y el violín.
-yo también quiero tocar el fagot.
-deberías elegir otro instrumento, el fagot toma tiempo aprender a tocarlo bien.
La mano de Cándido era muy pequeña, no podía cogerlo, no podía tocarlo.

 

 

El y Su familia tuvieron que trasladarse a Guantánamo para cuidar a su madre. Un año y medio después volvió a la Habana y fue a ver al señor Corrales.
-ven acá a ver si ya puedes tocarlo como se debe.
“Don Julián me enseño como hacer música, era un muy buen fagotista. Me daba clases gratuitas en la sala de su casa, todos los días, y me decía, tu eres igual que un hijo mío”.
Cándido llego a tocar mejor que su profesor, logro tocar una pieza que él no había podido descifrar.
-¿cómo lo has hecho?
Canido uso las mismas palabras que él le repetía:
-Cuando uno toca no se dice como se hace.
Julián Corrales le recomendó al maestro Rafael Orozco, lo envió al conservatorio de música. Allí le hacían pruebas, pero él no daba la talla, “si no coges puntos te saco del conservatorio” le decía, Cándido traía imperfecciones que no habían sido corregidas, pero se superó y logro pasar los puntos necesarios y adquirir un nivel jamás esperado.
Hasta que llegó la hora de volver a partir, esta vez a Camagüey para prestar el servicio militar a los 17 años en la banda del estado mayor general, eran dos tocando el fagot.
9 meses después vuelve al conservatorio, y el maestro le sugiere presentarse para el próximo examen, Cándido se atreve a presentar el examen previo y toca ante el tribunal, lo aplauden impresionados, él se para y les dice con el libro de wizimburg en mano:
-de este libro díganme que lección quieren que toque.
Ellos escogieron una lección a dúo, la tocan dos fagots a la vez, Cándido la toco a memoria, “en la música todo se me graba”. Le dieron una calificación de 100 puntos y un nivel superior en fagot. “usted hizo 7 años de fagot en 9 meses”, me dijeron al finalizar.
Le otorgaron una beca para estudiar en Alemania, pero cuando en el conservatorio se enteraron, se la terminaron dando a otro alumno, hijo de un político de pinar del rio. Pensó dejar de tocar el fagot, fue su mamá la que le insistió que debía continuar.
Empezó a soñarse a sí mismo tocando el fagot, mientras dormía veía un escenario, un telón rojo, una orquesta, despertaba siempre con un teatro en mente, un teatro igual al teatro Calderón, el primer escenario en el que toco después de haber llegado a Madrid.
El sueño de ser músico se hizo realidad, aunque más adelante, por necesidad, se convertiría no solo en músico sino también en portero, albañil, pintor y hasta camarero.
Fue camarero en el café comercial de Bilbao, donde ahora se celebraba el XVI open internacional de ajedrez esa mañana estaba allí, no como camarero, sino como participante del torno sentado en la mesa 24.
El torneo le había pagado la inscripción, Cándido era bien conocido por los organizadores, desde que llego a Madrid el ajedrez se había convertido en su refugio. “Participo en el torneo porque hay premios en metálico, solo hay que acumular puntos para poder irse con algo en los bolsillos”.
En Cuba nunca se sentó frente a un tablero de ajedrez, antes de partir un amigo suyo le dio unas cuantas clases técnicas para aprender a jugar, le recomendó usarlo como fuente de escape, como excusa para conocer gente importante.
Él es la sensación del torneo, entre otras cosas porque es el único negro que juega al ajedrez y además, toca el fagot.
Ser negro puede ser un prejuicio y más cuando se vive lejos de la propia patria , pero el fagot ha disimulado sus rasgos físicos,” no es lo mismo ir con una bolsa que ir con un estuche, yo sé lo que llevo dentro, cargo un fagot que aunque no es el mejor porque no tengo 35 mil euros para pagarlo, si llevo algo por lo que me darían a cambio al menos 20 mil euros, el fagot no es como la flauta, el fagot es otra cosa, no es un pedazo de palo.”.

 

 

Hay otro Cándido como el fagotista, que también le apuesta al optimismo y el justamente este es el nombre de la obra de Voltaire (Cándido o el optimismo), un cuento filosófico que sigue las peripecias de Cándido, el protagonista quien se encuentra por primera vez con el optimismo “todo sucede para bien en este, el mejor de los mundos posibles” dice el personaje.
Ambos Cándidos viven aventuras que refutan esta idea, pero ambos personajes se aferran a defenderla, en el pesimismo moderado de Voltaire el mundo tal cual nunca cambiara, es imposible cambiarlo, pero en el mundo de Cándido, el fagotista, si es posible cambiarlo, si nos preocupamos de lo que nos rodea más íntimamente podemos hacer por lo menos nuestra vida más prospera.
“Hay que cultivar nuestro jardín” dice el Cándido de Voltaire,mientras el cubano fagotista cultiva el suyo, y aunque en el no crezca caña de azúcar o boniato, ni frijoles ni arroz para hacer congrí, el protagonista detrás del fagot afirma que “nunca es tarde si la dicha es buena”, en este mundo todo sucede por algo, si tú tienes el espíritu de que va a pasar algo, algo pasa, los perdedores dejan que las cosas pasen, los triunfadores hacen que las cosas pasen.
Cándido no quiere quedar en tablas con la vida como si fuera un partido de ajedrez, quiere mover sus fichas de la mejor manera, quiere que las cosas pasen, buscando de principio a fin un lindo jaque mate.