EL “DIEGO” QUE HIZO CRECER A MESSI. Por María Julia Andrés

MARÍA JULIA ANDRES (Argentina) nació en Pergamino, provincia de Buenos Aires, en 1986. En el año 2004 se trasladó a la ciudad de Rosario e ingresó en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario. Se graduó en el año 2009 y actualmente está preparando su tesina final para obtener el título de Licenciada en Comunicación Social. Algunos de sus escritos se encuentran publicados en su blog florecerdelupines.blogspot.com

 

 

 

EL DIEGO QUE HIZO CRECER A MESSI

Diego Schwarsztein es médico endocrinólogo y las hormonas de crecimiento fueron quienes le presentaron al diminuto Lionel Messi. Juntos dieron los primeros pasos del camino que llevaría a transformar a aquel niño en un gigante.

Trabajo final de María Julia Andrés

Es un médico de una vasta trayectoria. En la actualidad, tiene alrededor de doce pacientes que lo visitan frecuentemente para llevar adelante el tratamiento que les concederá centímetros. En los últimos quince años tuvo aproximadamente cincuenta o sesenta, sin embargo, según su criterio, algunos son bastante pata duras. Diego Schwarsztein vivió un tiempo en Barcelona pero decidió envejecer en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. El mismo año de la llegada al mundo del actual Mesías del fútbol, Diego recibió su diploma en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario, en 1987. Cuando ya estaban por cumplirse veinticuatro meses de la estadía de Lionel Messi en el mundo, Diego tomaba su avión rumbo a Barcelona en 1989, para realizar allí su especialidad. El encuentro se postergaría hasta su regreso.

Su consultorio actual no es el mismo en el que se conocieron. Me encontré con Diego en el CIR (Consultorios Integrados de Rosario). El lugar es muy moderno. Al llegar al edificio la puerta corrediza me da paso y el ascensor hermético y metálico me abre luego sus puertas para llevarme al segundo piso. Al bajar me encuentro con una joven y morocha secretaria que tiene un auricular en su oído izquierdo, similar al que utilizan los telemarketers, y será quién le anuncie mi llegada al doctor.

Diego luce una camisa clara y es muy expresivo con sus gestos. Me recibe amablemente y mientras se dirige al sillón de su escritorio me invita a tomar asiento para iniciar juntos un paseo a través del tiempo. Lo conoció a Lionel cuando tenía nueve años y nunca imaginó a quien tenía adelante. Era uno más entre los tantos niños que atendía. En ese momento Lionel lo miraba desde abajo, seguramente con admiración por tratarse del médico que lo ayudaría a ser más alto y a seguir jugando con su pelota. Hoy Diego es quien mira a Leo con orgullo.

– En algún momento él me miraba y decía ‘este es el médico que me ayuda a crecer’ y seguramente me miraba para arriba y yo era como una imagen muy fuerte para él. Y hoy yo lo miro y digo ‘y este es el mejor jugador del mundo’.

El médico que hizo crecer a Messi mide un centímetro más que el 10 del Barcelona. Nunca trabajó para Newell’s Old Boys (NOB), club que derivaría a Lionel al especialista, pero como siempre estuvo cerca de la institución trató de ayudar en todo lo que podía. Fue así que en 1997 recibió un llamado que dejaría para siempre una marca en su vida.

–Queremos que veas a un chico que es muy chiquitito pero es un crack, necesitamos que crezca- le dijeron y lo mandaron.

Si bien la entidad cuenta con médicos deportólogos y traumatólogos, suelen derivar a ciertos jugadores a especialistas de confianza cuando se trata de algún problema que no pueden resolver. Diego atiende cotidianamente a muchos niños y, en divisiones inferiores, es frecuente que uno de los motivos de consulta con el endocrinólogo sea por talla baja. Es frecuente también, que uno de los requisitos para ingresar al club sea la talla alta.

-¿Fue usted quién descubrió el problema hormonal o ya se había atendido anteriormente con otro médico?

-No, fue el primer contacto. En realidad los padres estaban un poco preocupados por el tema de la talla baja pero no habían hecho consultas todavía.

***

La causa del problema de crecimiento de Lionel era precisamente un déficit de la hormona de crecimiento. Para poder afrontar este trastorno, el pequeño debía implementar un tratamiento que consistía en inyectarse las hormonas que su hipófisis no producía. De no aplicarse esas hormonas Messi no hubiese sufrido ninguna consecuencia a nivel orgánico más que la baja estatura.

Mientras me explica, el doctor abre un cajón de su amplio y ordenado escritorio y me muestra algo que, en primera instancia, supongo que es un fibrón por su color llamativo. Extiende su mano para que lo pueda observar con detenimiento y comienza a explicarme la función de aquel elemento:

-Es un lápiz que en vez de tener tinta tiene hormona de crecimiento, en vez de tener lapicera tiene una aguja. Entonces, primero se carga la dosis, tiene un regulador, se pincha, la aguja puede estar tapada, está efectivamente tapada… bueno se pincha y cuando pinchas…

-¿Y esto se hace todos los días?

-Todos los días

-¿Y el tiempo de duración del tratamiento es según el caso?

-El tiempo es hasta que termina el período de crecimiento, entre los 15 y los 17 años.

La jeringa que acabo de ver es idéntica a la que utilizaba aquel niño que soñaba ser grande. O quizá aquel niño al que le habían contado que debía ser grande para alcanzar su sueño. “Leo siempre fue un chico muy dócil”, así lo recuerda Diego. No cualquier niño acepta el tratamiento como él lo aceptó. No renegaba contra lo que debía soportar y llegaba al consultorio acompañado por la mamá, por el papá o por los dos. Se destacaba como un buen jugador a los nueve años y sin embargo debió padecer un pinchazo por día, durante mucho tiempo, para ser reconocido.

– Él siempre fue un enfermo del fútbol y su única preocupación era si iba a crecer lo suficiente para jugar al fútbol, pero ni él, ni yo, ni su familia, ni nadie, ni sus entrenadores, ni nadie, más allá de que se destacaba como un buen jugador, se imaginaba este presente.

Diego es locuaz y, además de ser un médico reconocido en la ciudad, es también un buen actor a la hora de poner en escena distintas situaciones, claro que nada tiene que ver esto con la ficción, lo que pone en escena son simulaciones de las conversaciones cotidianas que tenía con su paciente. La pasión por el fútbol que compartían Lionel y Diego les permitió generar una relación empática y la pelota era el tema que les permitía romper el hielo.

-Yo quiero jugar al fútbol.

-Bueno Leo ya vas a crecer… Vas a ser más alto que yo.

-Yo quiero jugar al fútbol.

-Quedate tranquilo, vas a ser más alto que Maradona. Si Maradona pudo jugar vos vas a poder, no se si vas a ser mejor pero vas a ser más alto.

Aquellas palabras de aliento, vistas a la distancia, tomarían carácter de profecía:

-No se si es mejor que Maradona, pero más alto es.

Maradona mide 167 centímetros y Messi 169. Leo quería jugar al fútbol. Pero al doctor lo habían llamado porque ese crack debía crecer. ¿Para ser grande hay que crecer? Al plantearme este interrogante entro en contradicción y recuerdo las palabras de Roberto Mensi, un miembro del Departamento de Futbol Amateur del Club Atlético Newell’s Old Boys, quién al preguntarle si un buen jugador de baja estatura puede jugar al fútbol, me respondió:

-Sin dudas que puede jugar, solo tendrá que resaltar su juego con otras virtudes. El entrenador debe encontrar el puesto acorde para que este chico desarrolle su juego. Obviamente no vas a poner a un “bajito” a atajar o que se destaque en el cabezazo. Debe ser rodeado dentro de un equipo, donde la altura no sea un riesgo para el conjunto.

***

Si Lionel hubiese soñado ser bombero o ingeniero, Diego le habría indicado el mismo tratamiento, aunque si Lionel hubiese soñado ser bombero o ingeniero tal vez no hubiese conocido a Diego. Muchos atribuyen el éxito actual de Messi a las inyecciones que debía aplicarse para poder crecer.

-Yo tengo mi hijo que tiene 17 años, así que cuando yo le di este tratamiento a Leo en el ’97, hace 14 años, mi hijo tenía 3. Si darle este tratamiento a un chico lo transforma en el mejor jugador del mundo se lo hubiera dado a mi hijo, no a Leo.

El hijo de Diego no es el 10 del Barcelona y, como casi todos los argentinos, juega al fútbol con sus amigos en los ratos libres. Por supuesto que las inyecciones no constituyen ninguna pócima mágica. Es necesario contar con la pasión, la vocación y sobre todo con la destreza para poder vivir pateando la pelota. Muchas personas tuvieron la suerte de que la naturaleza les regalara 170 centímetros aunque si se les pregunta que forma tiene un balón contestan que se trata de un cuadrado. Pero al parecer, si bien es necesario, el talento aún no es suficiente. En occidente, las mujeres para ser bellas deben ser, no solo inteligentes, sino altas, rubias y de ojos celestes, o morochas de ojos verdes, siempre dentro de los parámetros 90-60-90. Son los cánones actuales de la belleza. De manera similar ocurre con los futbolistas quienes, no solo deben ser un crack, sino que además la norma dice que sin altura no llegas. El futbol de hoy pide jugadores altos, con buena presencia, buen físico pero que tengan buenos movimientos técnicos. Son los cánones del fútbol.

-A la hora de seleccionar un jugador principalmente se tienen en cuenta sus cualidades técnicas, luego sus aptitudes físicas y por último, se realiza un trabajo de investigación de la situación social del chico.

Eso es lo que me cuenta Roberto Mensi en el predio de las inferiores de NOB y pienso que atrás de esa norma fue Messi y cruzó el continente para alcanzarla. Quería volver realidad su sueño, pero para eso debía cumplir la regla.

Por su experiencia en el exterior Diego sabe que es muy difícil vivir en un lugar que no es el lugar de uno, y Messi estuvo dispuesto a soportarlo. Pasó por el dolor físico y por el malestar psicológico antes de llegar a ser el más grande. Diego me lo explica con fervor, por haber sido testigo de las circunstancias que invadieron a Lionel desde pequeño:

-Su magnífico talento, capacidad futbolística y perseverancia, porque me consta, lo conozco bien, lo pasó mal cuando se fue a España y se bancó cosas que por ahí otro chico no se hubiera bancado, no tiene absolutamente nada que ver con el tratamiento, sino, insisto, estaría buenísimo, yo cobraría una fortuna por darle estas inyecciones a alguien que quiera ser el mejor jugador del mundo dentro de los próximos siete, ocho años.

¿Por qué para volar alto hay que ser alto? Quizá se preguntaba Lionel, una y otra vez, por las noches de Barcelona. Y tal vez se pregunte hoy qué hubiese sido de su destino si no lo conocía a Diego, si optaba por transgredir la norma.

– Uno labura por la guita, uno trabaja porque quieren que le paguen, pero siempre es una satisfacción que el laburo salga bien. Me imagino que le pasa al arquitecto cuando le sale linda la casa, que le pasa al periodista cuando lee la nota y dice que buena nota que escribí y me pasa a mi cuando los tratamientos funcionan bien. Da mucha satisfacción el éxito del tratamiento en cualquier chico y, cuando además este chico se transforma en el mejor jugador del mundo, uno dice… ‘y mirá… un granito de arena, así chiquitito, yo aporté. Capaz que si yo no lo hubiera puesto este pibe no era el mejor jugador del mundo.’

Ocurrió que Lionel no era un chico más, era un crack derivado al endocrinólogo por el club en el que jugaba. Necesitaba correr tras sus centímetros tal como lo hacía con la pelota. Los alcanzó. De no haberlos obtenido, la pelota le podría haber quedado lejos. Entre el talento y los sueños… están las reglas.